¿Y después qué?

Y esto también pasará.

Hasta la alegría más honda o el dolor más punzante con el tiempo se disuelven como una nube pasajera. Todo es una ilusión, salvo el ser.

Pero en esa aparente materialidad, la pregunta que habría que hacerse es ¿Y después de este terremoto, qué, serás igual?

Las cosas seguirán su curso, un curso. Hay seres malos, hay menos malos y nosotros. Hay poderes, siempre los ha habido disputándose más poder. Siempre ha sido así, lo único importante a estas alturas, según mi punto de vista, es qué hacemos con nosotros, somos los protagonistas, no somos ellos, ni los malos ni los no tan malos.

Entonces ¿qué hacemos?, ¿Engancharnos con el desaliento, la ansiedad, el temor, la rabia y la incertidumbre?, ya lo hicimos, creo que todos en algún instante de esta locura nos dimos el recreo para hacerlo, unos menos, otros más, pero ahora hay que caminar hacia adelante con todo.

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El pastor y las ovejas

Qué rebaño y que ovejas tan obedientes. Me encantan… y a uds?

El vacío

Se puede escribir de todo, de la inflexibilidad de la energía, del infinito, del pensamiento, incluso, de un atardecer cuando hasta los pájaros enmudecen. Creo que de lo único que no podemos escribir con veracidad,  propiedad, es cuando tocamos el vacío,  ahí las palabras enmudecen,  se las traga esa consciencia única cuando aparece ante él. Ante el toque de su precario tacto aparece la forma dando vida,  retorciéndose como un espiral pleno para llegar a más, más…,  no puede evitarlo, no puede contenerse.  Es como un acto de amor infrenable, donde se navega bajo un océano ebrio de furia, en un bote de papel.

Sólo algunos podrán comprender esto, pero por esos pocos, ya vale la pena.

Vivir sin tiempo

A pesar del silencio, las palabras siguen bailando en mis dedos como pájaros infatigables. Las búsquedas se han transformado en algo difícil de explicar, ya no hay qué buscar, sólo ser en un estado sin tiempo. ¿Un infinito silencio?.

Estar en cada cosa que observas, la que tocas, la que te mira. Ir tan lejos y tan hondo, donde todo desaparece hasta perderte de ti misma. Nadando en un espacio fin forma, sin luz, sin oscuridad, sin palabra. Sin ruido

Estoy sumergida, como en otros tiempos, en la comida, me gusta estar sola en mi cocina, tal vez con algo de música, de esa quieta, la que me gusta, la que me lleva…, la que me abre puertas. Me propongo descubrir nuevas texturas y sabores con lo de siempre, nada que tenga ojos, nada que pueda gritar.

Los colores y aromas comienzan a afinarse, mezclo, pico, sazono. Amaso, me encanta amasar. El vapor sale del horno o cacerolas, me impregno las manos y ojos con todo lo que tienen que decir, entregar. Escucho lo que me dicen, la mayor parte del tiempo compongo canciones con sus voces claras. Bailamos juntos.

La tierra también me habla, invento jardines con rocas graciosas, me duele la espalda. Trato de ignorar el dolor, pero me grita para que lo escuche. Las plantas me murmuran secretos de la tierra, pasa una pequeña serpiente, cree que no la veo, dejo que lo crea. A lo lejos salen unos de esos ratones (cururos) que crean mundos subterráneos en la tierra. Cuando logras verlos te quedas quieta, muy quieta para apreciarlos, para que sigan en su carrera vertiginosa de escarbar la tierra. Mueven con rapidez sus pequeñas cabezas alegres con ojillos minúsculos y dientes afilados. Tiran tierra, se mueven en círculo y se zambullen nuevamente en su oscuro universo. Los pájaros están cerca, al acecho por si sale volando algún gusanillo despistado. Todos festejan, todos viven pensando que son los más importantes, que los demás son un complemento de su universo. Así como nosotros, creo…

La vida y los días se hacen amigos, cada uno tejiendo la realidad que crea nuestra energía. Las infinitas realidades que creamos con cada movimiento, donde enfocamos la atención. Donde muere nuestro silencio.

Me arrebata el alma cuando el árbol suspira mi latido

Me arrebata el alma el silencio de la hoja, que no cesa su baile jamás.

La sequedad de la tierra, me arrebata el alma.

Pero más que nada, me arrebata el alma cuando me veo a mí misma

desapareciendo en lo que SOY.

Los patrones se repiten.

¿Cuál es tu más pura esencia, cuál tu poder?

“Todo sigue un patrón” y “Las ecuaciones son el pensamiento de Dios”. Dos frases que quedaron bailando en mi mente después de ver la película “EL hombre que conocía el infinito”, que por cierto podría recomendarla pero me abstengo, las impresiones son tan personales, lo que para unos puede ser sorprendente, para otros podría llegar a ser un real y eterno aburrimiento o incomprensión, como pasó con Cloud Atlas. Por lo tanto,  que el camino se abra.

Volviendo a la frase con la cual comienzo estas divagaciones, si  todo sigue un patrón, y los fractales son un patrón geométrico que se auto replica infinitamente, así pues serían los pensamientos y acciones. La energía vibrando, que es la que nos da la apariencia de lo material o la forma, se mueve fractal y auto replicable, ante ello, también los pensamientos y las creencias. Nos vamos multiplicando y traspasando unos a otros con Sigue leyendo

La nueva casa

vista terrazaHace varios meses vendí  mi antigua cabaña en Laguna Verde, ¿Cómo explicar las sensaciones que experimenté después de firmar los papeles, teniendo la certeza que algo ya no te pertenece, que ya no formas partes de esa realidad. Tal vez es parecido a tocar la túnica de la muerte. Te falta un poco  el aire,  nada encaja, ¿que algo se escapa y no lo puedes retener?. Creo que era un poco de todo lo anterior  y la verdad es que no era la casa, era lo vivido en ella. Dejar los árboles con los que entablaste diálogos eternos, el amor por cada flor plantada y lo entrañable que te daban. Ese parloteo incoherente que tienes cada día con todos ellos. Sigue leyendo

Nosotros.

Los días se deshacen en las vidas de cada uno de nosotros, los que leen, yo. Los instantes van armando con cada acto y pensamiento nuestras vidas, vidas tan únicas y distintas, tan de ustedes y mía, tan únicas y sin embargo una  que lo contiene todo.

velas flotandoHabía comenzado a trabajar en el libro en el cual estoy sumergida hace un tiempo, el último. Echo a andar la música, prendo la vela, abro esa puerta imaginaria donde después de cerrarla nadie puede entrar, nadie más que esa Patricia que desaparece hasta de sí misma, de los pensamientos que la visten, de todo lo que es.

El viento golpeó una ventana y no sé por qué, algo comenzó a dar vueltas en mi mente, me fui a archivos, abrí el libro de Jacobsen, luego Rilke, terminé con D. Agustini, hace tanto que no los leía y me gusta husmearlo de tanto en tanto. Sigue leyendo