Samadhi movie, part 4 – Un regalo de luz
Acaba de salir Samadhi 4, la ultima de esta gran serie. Estas peliculas ( https://www.youtube.com/@AwakenTheWorldFilm) han sido mis grandes compañeros y guias, en mi viaje interior, las he visto muchas veces cada una de ellas, y siempre, siempre descubro y conecto con algo que antes no «vi», las he escuchado cuando manejo distancia largas, o simplemente simplemente cuando estoy en algun momento de quietud. Cada vez, es un regalo para conectar. Cada vez se restablece el orden. Espero que lleven tanta luz en vuestro viaje interior como la han traido al mio.
¿Cómo despertar del sueño de la vida? Haciéndonos invisibles, irrumpiendo en ese mundo interior, donde existe la quietud ante de un mar convulso y voluptuoso. Penetrar en los abismos profundos de nuestra psique, donde habita el verdadero ser, ese manjar exquisito de la dulzura, de la bondad, de la incorrupción, del asombro y de inesperada lluvia de sentimientos que como lluvia cósmica nos abate, haciéndonos vulnerables a los acontecimientos de nuestro exterior. ¿Por dónde entrar? Por ese camino bifurcado, esa oblicua carretera que parece transformarse en un óleo de Picasso, desfigurado e incomprensible a los ojos de lo que los observa con infinita paciencia, y que nos brinda a fijarnos en las más mínimas manecillas de un reloj de nogal que se mueven sin que nos demos cuenta, ajustando el paso del tiempo segundo a segundo, como juntando el lapso inexorable de la vida, el paso del cometa, el crepúsculo de un día lleno de sombras, de soledades y molestias. Estamos allí, en medio de los recovecos del alma misma, esa esencia que nos inspira, que nos hace sentir humanos, que nos ofrece que de ella salgan los sentimientos más preciados del ser humano, como lo es el aprecio, la bondad y el amor. Es allí, en los meandros del alma, de la psique humana el lugar donde podemos conocer nuestro verdadero yo, esa mística parte del Sapien que piensa, que razona, que lo ve todo sin reparo alguno, esa espiga dorada, la Rosetta que nos permite desenredarnos del ruido del mundo, y traducir el ruido en armonía, en sincronización de nuestro interior, en colonización de nuestra mente, en la multiplicación de nuestros sentimientos. Infinita alegría el saber que no estamos solos, que habitamos por la eternidad, que navegamos desde los iones del tiempo, que nuestra mente es infinita como las estrellas, que nuestras palabras siendo la manera de comunicarnos, nos permiten navegar por la vida y que podemos hacerlo todo mientras pensamos, mientras nos concentramos en lo veraz, reconociendo que la experiencia nos ha dejado como poder para proteger nuestro destino y forjarnos un camino donde no hay caminos, hacernos un surco sobre la tierra árida y moribunda. Es allí donde encontramos que vinimos a soñar, esos sueños que nos arrancan de un tajo para convertirnos en bucaneros rebeldes que izamos la bandera de desafío a lo superfluo, a lo banal y dejamos que la sabiduría nos una con la propia esencia que es el vivir pensando, mejorándonos para dejar un aliento de vida a los que nos rodean. Porque vivimos en un mundo enfrascado en perderse entre el bullicio de la plebe, entre los que está de moda, en lo aparatoso que es el hacer que otros hagan el trabajo que nos corresponde hacer. Tu y yo somos los creadores, de contenido, esa lanza que cargamos que es la verdad, esa rodela con que nos protegemos de las saetas de los que desdeñan el saber. Estamos aquí, en este planeta tierra, para que gestemos lo bueno, la bondad que caracteriza la evolución humana de compartir nuestras experiencias con actos de bondad, con ojos de justicia y con la característica mano que ayuda, que no está hecha para hacer daño alguno sino para ofrecerse al servicio de los demás. ¿Cómo nos llamamos? No importa, es nuestra palabras las que llevan peso de lo que somos, esas frases abiertas que despiertan la curiosidad del humano a mejorar su manera de ser, somos tú y yo, esos genios que el mundo necesita, esa llama que calentará al afligido, al menesteroso, que no solo lo bendecirá, ofreciéndolo un futuro en el más allá, que nunca llega, o un ciclo de vida que continúa vida tras vida; porque parece que solo poseemos un tiempo definido, un proyectil que es el único, ese que se disparará al vacío, o aquel que dará en su blanco y que seguramente acertará. Y así me pregunto cómo desafiante que busca entender: ¿Dónde está tu bala o proyectil? ¿Lo arrojaste ya, a lo vacuo del espacio? O quizás hará una huella, una fractura en la coraza fuerte de los desalmados, en aquellos que confundidos andan haciendo daño, buscando peleas, ardiendo con ganas de probar otra copa de licor, otra mujer, para poder olvidar su responsabilidad, su destino, perdiéndose en la oscuridad de cantinas, bares, sitios con luz tenue para cubrir la vergüenza, el desastre del humano a querer arrojarse al vacío, a la perdición. Somos demasiado tolerantes al engaño, a la frialdad, a la mentira. Es hora de despertar a una nueva vida, el de arder la llama que habita en cada uno para fortalecernos unos a otros, para dotarnos de ese mar, vasto y extenso que simplemente se llama sabiduría, que no es un título académico, sino una verdadera misión de llenarse de todo lo puro, lo loable, de convertirnos poco a poco esos genios de donde surgirán los inventos que transformarán al mundo. ¿Dónde están los inventores, los Cervantes, los María Curie, Einstein, Camus, Fleming, Youzafsaid, Thalers, Buterndt y tantos otros? Tu y yo somos esos que cambiarán la historia de nuestro mundo, que dejaremos algo de que pensar al mundo, de que moveremos la tierra de su eje para enderezarla para que no existan huracanes, y tantos percances humanos, que construiremos a una sociedad justa, equitativa, admirable y grandiosa. O es que se acabaron los constructores de pirámides, los edificadores de sueños, aquellos que dominaron el idioma como Lope de Vega, los grandes arquitectos como Lloyd Wright, o pensadores como Alba Edison o Jefferson. Meditemos, comprendamos que mientras estamos aquí hagamos algo que valga la pena, algo genuino, algo digno de ser dejado como legado a la humanidad.
Mi estimado, yo no soy creadora de contenido, ¡Jamás!, simplemente lanzo palabras que alivianan mi alma, si encuentran eco, maravilloso, las sintonías del universo.
Yo soy eso, lo que muere cada noche, el trueno de un día lluvioso, la piedra que reposa en un camino seco, la mirada de mi perro, la dulce fragancia del heno recién cortado, de la tierra humeda. La muerte que acecha, el llanto del que nace.
Aprecio te detengas en mis palabras, así no mueren de frío.