MASIA AL ANDREVA


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Estando en España ya un tiempo, y a pesar de que vivimos en una montaña, tal vez tratando de buscar lo más parecido a Laguna Verde, ya saben, ese paraíso al que tanto amo, donde los bosques y el mar silban sin ninguno apagar la armonía del otro, decidí arrancarme aún más alto. Llegó a mis manos la oportunidad de tomar un taller de cocina (mi pasión, no mi misión) en una masia, y he quedado asombrada. Sí, creo que es un buen término para expresar lo que he vivido. Asombro es cuando llega a ti algo inesperado, en este caso, bellamente inesperado.

Después de caminar una hora y media con mucho sol y todo en subida, (había que dejar los autos al pie de la montaña),  comprenderán como llegué, sí, echa un harapo, roja, apenas respirando pero viva, no muy digna pero viva.  Cuando llegué me sorprendió la “casa”, en realidad no era una casa era más bien un ¿hotel?, tal vez parecido a los que encuentras en el sur sur de Chile o Argentina, piedra, mucha piedra, madera y espacios amplios y limpios, limpios de todo, muebles, demasiados adornos, cosas innecesarias. Pleno de pequeños rincones para lo que se te ocurra, leer?, meditar?, cantar?, escuchar… una cama con cuerdas abajo, mesas de juegos extraños para pasar las noches de invierno ¿tal vez?

Las habitaciones perfectas, también habían pequeñas y no tan pequeñas construcciones, casas, fuera de la estancia para los que quieren más soledad, obviamente me fui a una de ellas, siempre me hago la valiente y luego ando llorando. La primera noche escuché tantos ruidos, que casi creí andaban una jauría de algún animal feroz, luego sonreí y me dormí. Estábamos en medio de la nada, a más de 800 mts de altura, hasta las hormigas eran amistosas. Lo que sea rondó la cabaña no quería ser molestado tanto como yo. Al día siguiente me enteré que eran cabras salvajes. Más que yo?, no lo sé, pero eran libres.

Los anfitriones, Jill y su mujer Pascale, unos franceses patiperros, de esos que viven en Ashrams con tres hijos pequeños por varios años, y luego porque ya es tiempo, (eso que no podríamos definir)  migran a Tibet y se quedan ahí por otro “tiempo indefinido”, luego a tocar otra tierra…, palpar el mundo con los ojos  y el alma. De edades indefinidas, él mayor que ella. Podrían pasar entre los 50 y los 70, no lo sé, pero él estaba entero, hidalgo y lleno de vitalidad. Ella, bella. También estaba Libertad, una chica de profundos misterios, unos poquillos dolores, muchas alegrías, siempre estaba sonriendo. Ella y Páscale fueron nuestras maestras de cocina, platos novedosos, mezclas sorprendentes, sabores inesperados.

¿De las personas?, sorpresa, unos pocos que al comienzo juzgué fe forma errónea, esa manía de juzgar, etiquetar…, ¿alguna vez la erradicaré?, seguro que sí porque al comprender algo e inyectar la intención ya abrimos la puerta para que eso se concrete. Creí que no me darían nada y sin embargo, oh sorpresa, fueron ratos de grata conversación, ver a un par de parejas que a pesar de estar insertos en un mundo de bastante movimiento, arañan el espejismo para ser en lo real.

Me voy con un sabor agradable, extrañando ya a mi hombre, mis perros, mi casa. La montaña que me alimenta, los árboles que me hablan, las flores que visten de vida los yermos lugares que piso. Hasta extraño a un viejo sapo que vive en mi jardín. Sale por las tardes y cuando me acerco parece que entendiera que soy su mejor amiga porque lo dejo en paz que reine entre las flores. Incluso llega a acercarse para mirarme un poco más de cerca, tal vez para ¿contar mis arrugas?, tal vez para cantarme los secretos de las plantas con una melodía tan quieta que casi me dan ganas de bailar con él.

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8 pensamientos en “MASIA AL ANDREVA

  1. Hola desde Houston TX estoy muy contenta de haber encontrado su blog lo encontré por casualidad. Escribe muy bonito.

  2. hola, en una de mis largas noches,.. me alegra ver que disfrutas de la vida.
    un fuerte abrazo,
    miguel angel

  3. Estimada escritora: leer sus vivencias es solo corroborar de una manera especial el estado emocional en que se sitúa.Es comprender que amar la vida eso es precisamente amar el entorno, respetar al mismo sapo que sorprendido la observa y comparte el croar de una vida llena de alegrías.Describir de la forma en que lo ejecuta es darse cuenta que describe con el alma y escribe bajo el influjo del amor, del agradecimiento a una existencia que le ha dado tantos triunfos y uno que otro escollo que le ha servido para tomar fuerza y recomenzar una vez mas. soy un admirador de sus letras, de la forma en que desplaza la pluma y comparte una a una sus historias que se quedan albergadas para la posteridad,se que escribe en el hoy para perdurar en el mas bello recuerdo de un mañana. Su amigo de la eterna sonrisa y enamorado de la vida, Edgar Landa Hernández

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