Entre el cielo y la tierra, Patricia Gómez

Del libro “Entre el cielo y la tierra”;

Entre el cielo y la tierra,

Todos los tiempos se mezclan
en líneas cruzadas,
en espacios plenos de materia,
negros, tan negros.

Entre la palabra y el silencio,
se tejen universos completos.

!Ay Dios, sí hay tanta vida…!
Es tanta, que ciega el entendimiento sólo para no ser vista.
(Hay vacíos profundos, tanto, que se tragan el pensamiento
y se llenan de plenitud.)

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¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?

Escribo para el agua
que corre hambrienta por la tierra,
por los dioses que habitan en mis cerros,
(aquellos que se empinan en mi sangre,
partiéndome los días con su espera).

Escribo,
por aquello que veo y me duele de la vida,
por el dolor que camina cabizbajo por mi lado,
por los pobres, ¡los podridamente pobres!,
aquellos que lloran por migajas de alimento,
los que rompen la palabra con los ojos,
los que mueren en la misma tierra nuestra,
pero solos…, ¡Dios, abísmantemente solos!
¿y el mundo? los mira indiferente,
sentado desde un palco de ironía.

Escribo por aquellos,
que están secos de esperanza.
Con el llanto derretido en las pupilas.
Con el miedo lacerándoles el alma.

Escribo para ti, si, para ti
que juegas con mi piel sin saberla de tus labios,
jamás canela de tus aguas, nunca miel de tus panales.
Y aún así, escribo para ti. Sigue leyendo

Creo en tí alma mía, Walt Whitman

Desvariando con Whitman. Otro de mis autores preferidos. Lo admiro porque tiene la palabra cruda, no vestida ni almidonada, yace en las ideas como lo haría un hoja que cae suave en un lago calmo, y ahí, en esa quieta calma se embelesa con la frescura que absorbe del agua, sin transmutarla ni vestirla ni cambiarle un átomo de su esencia. En este poema me regocijo por los caminos que nos muestra, el amante y la totalidad.

(5)
Creo en ti, alma mía, el otro que soy
no debe humillarse ante ti, Sigue leyendo

Revista Mundo Libre

Esto pasó hace un par de días, pasó cuando uno cree que ya nada puede pasar, cuando el día se está yendo en forma calmada y suave, sin altibajos ni sobresaltos, suavemente…, llega un correo. Lo abres, valga decir que también sin muchas expectativas, (llega tanta basura todos los dias via email, que creo ya estamos todos medios cansados), pero oh sorpresa, me encuentro con una buena noticia, una revista que despertó de inmediato mi interés, entré y valió la pena.

Comparto con ustedes este regalo. Revista “Mundo Libre”. Abarca tópicos de interés general, ciencias, literatura, espiritualidad… ¡¡de todo!! Y con un formato liviano y fácil de seguir.

Todos los días sucede algo que me sorprende, y eso, hace que las ganas de seguir caminando, siempre reúnan fuerzas.

El pañuelo rojo

La habitación estaba aplastada por el humo que salía de la pequeña cocinilla a leña, de pronto Krista dejó el plato que lavaba en un labatorio picado, sin saber por qué, tomó la tela de color rojo carmín que hondeaba en un gancho de madera al lado de la puerta de entrada, se cubrió la cabeza y parte del rostro y salió corriendo, los pies descalzo no reclamaron, estaban habituados al contacto de la tierra y piedras, el pelo se alborotó sobre la espalda, las lágrimas comenzaron a salir con fuerza impidiéndole ver con claridad. Los ojos cafés, profundos e insolentes no podían ver claramente,  no le importaba, sabía donde tenìa que ir.

Los gritos de una multitud asustada la guiaban sin problema. De ptonto lo vio. Ahí. Estaba amarrado a un poste de madera, había decenas de hombres igual a él, con sus pieles morenas y vestimentas blancas, con los rostros cansados pero orgullosos, hombres luchando por una libertad soñada, esperando morir. Unos  soldados ingleses apuntaban sus escopetas con las manos tambaleantes, sudorosas e inseguras, no sabían porqué debían disparar, sólo obedecían órdenes, como tantos hombres que dejaron de pensar por sí mismos, hombres que sólo obedecen ordenes obedecían.

Krista se abalanzó hacia su hombre sin pensar en nada, unos brazos la trataron de afirmar pero no lo lograron. Cuando estaba a unos pasos de él, se detuvo de golpe,   el fuego salió como una ráfaga de los rifles que estaban apuntàndolos, las piernas dejaron de obedecer y, cayó al Sigue leyendo

Sería…

Sería fantástico si de pronto olvidara como me llamo, o como camino por las enrejadas mañanas de invierno, olvidar el verde del campo en primavera, de aquellas noches refulgentes de estrellas o del olor a café, a mango recién cortado, a la piel de los hijos, al verde profundo de las hojas en brote.

Sería grandioso olvidar a mis muertos, también a los vivos y así no tener apegos, ni lagrimas, tampoco risa. Ser como el aire, sin raíces ni cimientos. Sería grandioso pararme en las esquinas de una vida cualquiera y oler sus días, amasar sus tristezas hasta convertirlas en pan fresco, peinar mi pelo con rebeldía, mojar mis pies en las orillas de un río limpio, atestado de piedras parlanchinas, esas que brotan sin nombre. Caminar descalza por la tierra en siembra, tenderme en el pasto y ser festín de chinitas y hormigas en letargo.
Sería perfecto olvidar como beso, mi tacto y mi rostro, olvidar que existo, que he existido tanto, que existiré tanto más. Vestirme con paños de colores de esos que no matan, jamás con seda, nunca con pieles. Abrigarme sólo de besos cuando estoy enamorada y de lagrimas amarillas cuando tengo pena, me gustaría olvidar las palabras, lo que pienso y los ojos de los que amo, sería perfecto no saber de donde provengo, ser etérea y sutil, tanto que pueda estar en todo, hasta no ser nada.

Tertulia Literaria, última de este año.

¿Qué podría decir de la tertulia final?. Hay tanto. Leíamos Manuel Andros y yo.

 Llegué temprano, quería tener tiempo para estar un rato con la gente que no tengo oportunidad de conversar. Ya había llegado Edmundo Moure, quien conversaba animosamente con Lucho Neuhauser,  es curioso, cuando invitamos a los escritores a leer a las tertulias es tan poco el tiempo que tenemos para profundizar con ellos, que con Sigue leyendo