El pañuelo rojo


La habitación estaba aplastada por el humo que salía de la pequeña cocinilla a leña, de pronto Krista dejó el plato que lavaba en un labatorio picado, sin saber por qué, tomó la tela de color rojo carmín que hondeaba en un gancho de madera al lado de la puerta de entrada, se cubrió la cabeza y parte del rostro y salió corriendo, los pies descalzo no reclamaron, estaban habituados al contacto de la tierra y piedras, el pelo se alborotó sobre la espalda, las lágrimas comenzaron a salir con fuerza impidiéndole ver con claridad. Los ojos cafés, profundos e insolentes no podían ver claramente,  no le importaba, sabía donde tenìa que ir.

Los gritos de una multitud asustada la guiaban sin problema. De ptonto lo vio. Ahí. Estaba amarrado a un poste de madera, había decenas de hombres igual a él, con sus pieles morenas y vestimentas blancas, con los rostros cansados pero orgullosos, hombres luchando por una libertad soñada, esperando morir. Unos  soldados ingleses apuntaban sus escopetas con las manos tambaleantes, sudorosas e inseguras, no sabían porqué debían disparar, sólo obedecían órdenes, como tantos hombres que dejaron de pensar por sí mismos, hombres que sólo obedecen ordenes obedecían.

Krista se abalanzó hacia su hombre sin pensar en nada, unos brazos la trataron de afirmar pero no lo lograron. Cuando estaba a unos pasos de él, se detuvo de golpe,   el fuego salió como una ráfaga de los rifles que estaban apuntàndolos, las piernas dejaron de obedecer y, cayó al suelo sin poder respirar, el aire no pasaba por su garganta, había algo que lo bloqueaba, era el dolor. Gritó para poder liberarse de la presión, pero el aire no entraba. Lo miró tratando de aferrarse a algo y encontró su mirada casi sin vida, ahí estaba él,  tendido como un animal herido, con un hilo de sangre cayendo por su boca.  Haciendo un esfuerzo Krista se lavantó y caminó hasta llegar a su lado,  se agachó y tomó su rostro con ambas manos, ni una lágrima cayó de sus ojos en ese momento, estaba serena, ida, depositó   un beso en la boca moribunda,  le dibujo un signo en la frente, le cerró los ojos y dejó su cabeza inherte  nuevamente en el suelo. Una voz gruesa y chillona dio la orden de retirada, los soldados apretaron sus rifles contra el pecho y  dieron media vuelta,  se retiraron dejando una veintena de cuerpos mutilados manchando de rojo una tierra blanca y milenaria. La mujer afirmó la pañoleta roja que colgaba apenas de su cuello y la tiró con delicadeza hacia abajo, quedó colgando de una de sus manos como un pajaro triste, su rostro  estaba expuesto a una multitud que no debía verla, no en publico.  Un pequeño circulo negro que reinaba en el centro de su frente comenzó a deshacerse, su mirada fría no se afirmaba en ningún punto, sólo apuntaba  al infinito.

La multitud se quedó atrás, las casas, el dibujo de unas calles mustias quedó atrás. Krista seguía avanzando.  Un poco más adelante un río avanzaba furioso, sus aguas cafés se llevaban todo lo que encontraban a su paso, corría de prisa a un destino que sólo él conocía. Krista se detuvo en la orilla dejando que el agua acariciara sus pies descalzos, se detuvo por unos segundos, sólo unos segundos, no lograba ver nada, los ojos estaban ahora, ciegos de llanto, de dolor. Sus pasos avanzaron sin preguntar.

El pañuelo rojo se vio volando sobre el río, ondeaba como una pluma que es liberada del plumaje de un ave.

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8 pensamientos en “El pañuelo rojo

  1. PATRICIAAAAAAAAA!!!!!

    AAAAAAHHHHHRGH!

    NO NO NO NO NO!!!!

    No puede ser!!! Y de tan buen humor que yo andaba…. paseando por aquí y por allá como al descuido… A este tipo de historias tienes que ponerle una etiqueta negra, de esas que se le ponen al alcohol y a los cigarrillos:

    LA LECTURA DE ESTE RELATO PUEDE SER PERJUDICIAL PARA SU ESTADO EMOCIONAL INMEDIATO.

    Estoy furios y triste al mismo tiempo. Se supone que no se puede estar así, pero sí se puede. No hay nada peor. Eso es lo peor, lo peor, lo peor, lo peor!!!! Tratar de salvar lo que más quieres y fracasar en el intento.

    Aaaaaajh! Qué horrenda sensación.

    Me voy a bañar.

  2. Ayyy querida mía, esto salió sin pensarlo mucho, es una imagen que me da vuelta desde hace mucho tiempo, una mujer a la orilla de un río en India con un pañuelo rojo…, anoche me puse a bajar música and it just come up, y como soy una atarantada la subí sin mucho pensar. Pero ahroa que te ha dejado así jaja… me arrepiento 😦 … besitos con sabor a alegría. 😉

  3. Ay, ya! si no fue para tanto tampoco! (En duración, me refiero). Tengo la suerte que se me pasan rápido esta clase de cosas. Además, como espero verás, tuve dos ataques de estos el día de hoy, así que nada… uno más, uno menos… No sé cómo decirlo, pero algo de hermoso tiene tu historia. Pero sea hermoso u horrible, quedo damnificada igual con lo que escribes, así que qué diablos…! Un besote gigante.

  4. Me sumo a lo que dice M, pero confieso que el final me encanta. Me imagino ese pañuelo rojo levitando encima de un río muy furioso.

    Triste pero bonito relato.

  5. Me ha parecido un relato valiente y de calidad, y con un trasfondo doloroso ciertamente pero que refleja una realidad que aunque no nos guste existe. No hay que cerrra los ojos ante los desmanes y crueldades, hay que contarlas, tenerlas presentes para intentar que no se vuelvan a repetir.
    En mi humilde opinión, creo que hay ua frase que expresa todo el sentido de la historia: “no sabían porque debían disparar, sólo obedecían órdenes, como tantos hombres que dejaron de pensar por sí mismos, hombres que sólo obedecen ordenes obedecían.”
    Magnífico relato.
    Saludos.

  6. Hola Patricia, siempre que un colega comenta en el blog de otro/a por primera vez suele expresar con palabras diferentes lo mismo. Yo me quiero apartar de esa costumbre y decirte que hay muy buenos blogs donde encontrar buena poesía y éste es uno de ellos. Quiero felicitarte porque mientras leo tu poesía descubro las deficiencias del ser humano en esta vida tan ajetreada y loca. Tu poesía un bálsamo para el alma y una nueva percepción para los sentidos. Me alegro haberte encontrado.Tienes un nuevo lector.
    almaes

  7. Charlotte, la tristeza y la alegría son tan relativas. Gracias por pasar. Un beso.

    Ernesto, podríamos hablar horas de ese tema. La ignorancia, la falta de libertad, esa que es individual y que nadie te debe quitar, que uno no debe permitir que le sea quitada. Se que me entiendes. Un abrazo.

    Almaes, no sabes lo bien que me hacen tus palabras. Muchas gracias y sí, nos leemos, tienes un espacio estúpendo.

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