El Principito…

Domesticarse….

Entonces apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió: Sigue leyendo

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¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?

Escribo para el agua
que corre hambrienta por la tierra,
por los dioses que habitan en mis cerros,
(aquellos que se empinan en mi sangre,
partiéndome los días con su espera).

Escribo,
por aquello que veo y me duele de la vida,
por el dolor que camina cabizbajo por mi lado,
por los pobres, ¡los podridamente pobres!,
aquellos que lloran por migajas de alimento,
los que rompen la palabra con los ojos,
los que mueren en la misma tierra nuestra,
pero solos…, ¡Dios, abísmantemente solos!
¿y el mundo? los mira indiferente,
sentado desde un palco de ironía.

Escribo por aquellos,
que están secos de esperanza.
Con el llanto derretido en las pupilas.
Con el miedo lacerándoles el alma.

Escribo para ti, si, para ti
que juegas con mi piel sin saberla de tus labios,
jamás canela de tus aguas, nunca miel de tus panales.
Y aún así, escribo para ti. Sigue leyendo

Creo en tí alma mía, Walt Whitman

Desvariando con Whitman. Otro de mis autores preferidos. Lo admiro porque tiene la palabra cruda, no vestida ni almidonada, yace en las ideas como lo haría un hoja que cae suave en un lago calmo, y ahí, en esa quieta calma se embelesa con la frescura que absorbe del agua, sin transmutarla ni vestirla ni cambiarle un átomo de su esencia. En este poema me regocijo por los caminos que nos muestra, el amante y la totalidad.

(5)
Creo en ti, alma mía, el otro que soy
no debe humillarse ante ti, Sigue leyendo

Revista Mundo Libre

Esto pasó hace un par de días, pasó cuando uno cree que ya nada puede pasar, cuando el día se está yendo en forma calmada y suave, sin altibajos ni sobresaltos, suavemente…, llega un correo. Lo abres, valga decir que también sin muchas expectativas, (llega tanta basura todos los dias via email, que creo ya estamos todos medios cansados), pero oh sorpresa, me encuentro con una buena noticia, una revista que despertó de inmediato mi interés, entré y valió la pena.

Comparto con ustedes este regalo. Revista “Mundo Libre”. Abarca tópicos de interés general, ciencias, literatura, espiritualidad… ¡¡de todo!! Y con un formato liviano y fácil de seguir.

Todos los días sucede algo que me sorprende, y eso, hace que las ganas de seguir caminando, siempre reúnan fuerzas.

Dominó y el espacio tiempo

Entre el cielo y la tierra

 

La vida se parte en millones de trazos, los reales…, (y aún así no se ven)

Se pasean en tenue danza ante mis ojos,
mostrándome  los dos o tres lados que posee
cada milagroso instante, sincronizando los tiempos
para que imaginemos que baila junto a nosotros.

Imaginamos – la – vida – en – un – largo – eterno
– e -interminable – espacio – tiempo.
(Y pareciera que  se mueve ) y sin embargo,
todo acontece en – UN – solo – magnífico – instante
que une del primero hasta el último punto,
como un infinito e incansable juego de domino en cadena.

Cada movimiento determina el siguiente,
cada acción determinará la siguiente.

Y todo eso ocurre…, entre el cielo y la tierra
mientras mi faz sonríe.

(Libro: Entre el cielo y la tierra)

Universos

El misterio de la vida se pierde, pasa desapercibido ante el ruido que habita en el mundo, y en las palabras que pululan en entropía en nuestra mente. Les  dejo esta pequeña selección, que espero  disfruten tanto como yo.

Cabe preguntarse ¿seguiremos pensando que somos únicos, en Adán y Eva,  en que somos  tan importantes como para gastar la vida mirando a una nariz de distancia…?

  (Aún cuando, como es arriba es abajo…)

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Sería…

Sería fantástico si de pronto olvidara como me llamo, o como camino por las enrejadas mañanas de invierno, olvidar el verde del campo en primavera, de aquellas noches refulgentes de estrellas o del olor a café, a mango recién cortado, a la piel de los hijos, al verde profundo de las hojas en brote.

Sería grandioso olvidar a mis muertos, también a los vivos y así no tener apegos, ni lagrimas, tampoco risa. Ser como el aire, sin raíces ni cimientos. Sería grandioso pararme en las esquinas de una vida cualquiera y oler sus días, amasar sus tristezas hasta convertirlas en pan fresco, peinar mi pelo con rebeldía, mojar mis pies en las orillas de un río limpio, atestado de piedras parlanchinas, esas que brotan sin nombre. Caminar descalza por la tierra en siembra, tenderme en el pasto y ser festín de chinitas y hormigas en letargo.
Sería perfecto olvidar como beso, mi tacto y mi rostro, olvidar que existo, que he existido tanto, que existiré tanto más. Vestirme con paños de colores de esos que no matan, jamás con seda, nunca con pieles. Abrigarme sólo de besos cuando estoy enamorada y de lagrimas amarillas cuando tengo pena, me gustaría olvidar las palabras, lo que pienso y los ojos de los que amo, sería perfecto no saber de donde provengo, ser etérea y sutil, tanto que pueda estar en todo, hasta no ser nada.