Días de claridad

Entre esa ventana vacía, y el mundo que se agita a mi lado, hay tanto…

 

Entre esa ventana vacía, y el mundo que se agita a mi lado, hay tanto…

Hoy fue uno de esos días, aquellos que son raramente completos, sutilmente completos.

Te das cuenta de ello cuando te levantas y corres con letanía y sin mucha esperanza  las cortinas que cierran la luz del día, (ignorantes  del poder que viene en ella),  haces a un lado la somnolencia que se arrastra por tu cuerpo como una ola mansa y miras, miras como se abre todo ante ti, como en una película mágica ves el real significado de las cosas, la importancia de cada una de las personas que habitan y caminan por y en tu vida.

Las jerarquías con las que cada ser humano mueve las piezas de su juego de ajedrez, los horizontes, lo tanto que viviste, los dolores, lo aprendido, ¡lo tanto que te amaron!, (como si fueras única).

Ves, como si estuviera parado frente a ti, el placer de haber escalado la más alta de las montañas, donde  el goce golpeó tu rostro como una ráfaga de tibio viento, donde llegaste a la cumbre donde mora el dolor, aquel que no te deja respirar, aquella cima donde clavaste  la bandera del gozo, el de la dicha más completa.

Lo curioso de todo…, es que tal como la luz llega en chispazos, así de rápido se va.

Pero aún así, permanece la dicha de que por un instante de develada consciencia miraste, y el camino se abrió  ante ti con matices nuevos, viste vaciarse el sol en cada una de las plantas que dieron movimiento a tu vida, miraste las copas que contuvieron como aguas vivas a todo y todos los que amas con sus dulces imperfecciones y sus tristes falencias.  Viste lo tanto que has recibido, lo que has dado, lo que eres. Luego,  te das vuelta y emprendes una vez más el día creyendo mantener esa visión, crees que permanecerá en ti esa armonía y comprensión que abrieron por un instante tus ojos. Los ojos con los que vemos aquello que no se toca. Y a pesar de ello, hoy fue un día de rara claridad.