El Ave y el pétalo


Tendido en la flor, el pétalo duerme,
espera impaciente al trino y al ave
que en vuelo cansino, traerá dulzor.

Presiente su alma, de pétalo inquieto,
que aquel picoteo de pájaro níveo,
despertará en él la vida, que sabe perdida
y que antaño anidara…, en su alma de flor.

¡Y llegó en canto el día…!, en que el pájaro erguido
¡¡vestido en plumaje de cortejo nupcial!,
con su pico altivo, su tez de enigma,
y el pecho inflamado rebosando pasión,
desposaría al pétalo, que en inocente espera
se prepara casto a cambiar de color.

(Sabía él…, que con su toque de fuego
sembraría al pétalo, aún dormido
en cuna y fulgor, una luz tan ígnea,
una fuerza nueva, un clamar de cielos,
que podría…, de pétalo mustio,
convertirlo en flor.

Y danzaba él, con su pico inflamado
de luz y dulzor. Caminaba erguido,
en silenciosa fiesta, y el pétalo intacto,
inflamado de rojo, con los ojos ardiendo…,
esperaba en la flor.

¡Oh Dios que hermosura! clamaba el petalo,
asombrado y todavía puro, al ave fecunda
que en plumaje de gala y danza sagrada,
sembraba altivo a su amante inocente,
dejando una mancha, testigo mudo,
de esa mágica unión.

Y gorjea el ave…, y alumbra la flor,
y canta el silencio y duerme Dios.

Al universo en cuna le crecieron brillantes
unos dedos de plata y en su frente ofrece,
una nueva flor.

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