Delmira Agustini


Amo la poesía de Delmiri Agustini porque  tiene la particularidad de pasearse como una Diosa por los abismos de cada ángulo y profundidad que contiene  la palabra,  al menos para mí, eso convierte a un poeta en un gran poeta.  Tiene la mística encerrada en versos a los que sólo unos pocos podrán siquiera acercarse,  el erotismo más finamente dibujado, tanto que casi se pierde en una imagen tenue y bien balanceada, la belleza que se asoma en las figuras que se disfrazan de cotidianeidad, el sentimiento punzante de abandono y dolor, así como el de exaltación y locura.

Me gusta su obra porque se pasea con desenfreno por horizontes que pocos logran tocar, me gusta, porque la haría mía sólo por el placer de haber pensado, que pude pasearme tan libremente y sin pudor, por espacios a los que sólo a unos pocos se les da la oportunidad de presentir.

Ceguera

Me abismo en una rara ceguera luminosa,
un astro, casi un alma, me ha velado la Vida.
¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa,
o en su disco de luz he quedado prendida?
No sé…
Rara ceguera que me borras el mundo,
estrella, casi alma, con que asciendo o me hundo.

¡Dame tu luz y vélame eternamente el mundo!

Del libro, Calices  

¿Acaso fue en un marco de ilusión,
en el profundo espejo del deseo,
o fue divina y simplemente en vida
que yo te vi velar mi sueño la otra noche?

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
taciturno a mi lado apareciste
como un hongo gigante, muerto y vivo,
brotado en los rincones de la noche
húmedos de silencio,
y engrasados de sombra y soledad.

Te inclinabas a mí supremamente,
como a la copa de cristal de un lago
sobre el mantel de fuego del desierto;
te inclinabas a mí, como un enfermo
de la vida a los opios infalibles
y a las vendas de piedra de la Muerte;
te inclinabas a mí como el creyente
a la oblea de cielo de la hostia…
gota de nieve con sabor de estrellas
que alimenta los lirios de la Carne,
chispa de Dios que estrella los espíritus.
Te inclinabas a mí como el gran sauce
de la Melancolía
a las hondas lagunas del silencio;
te inclinabas a mí
de mármol del Orgullo,
minada por un monstruo de tristeza,
a la hermana solemne de su sombra…
te inclinabas a mí como si fuera
mi cuerpo la inicial de tu destino
en la página oscura de mi lecho;
te inclinabas a mí como al milagro
de una ventana abierta al más allá¡

Y te inclinabas más que todo eso!

Y era mi mirada una culebra
apuntada entre zarzas de pestañas,
al cisne reverente de tu cuerpo.
Y era mi deseo una culebra
glisando entre los riscos de la sombra
¡a la estatua de lirios de tu cuerpo!

Tú te inclinabas más y más…y tanto,
y tanto te inclinaste,
que mis flores eróticas son dobles,
y mi estrella es más grande desde entonces.
Toda tu vida se imprimió en mi vida…

Yo esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico; un abrazo
de cuatro brazos que la gloria viste
de fiebre y de milagro, será un vuelo!
Y pueden ser los hechizados brazos
cuatro raíces de una raza nueva.

Y esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico…
¡y cuando
te abrí los ojos como un alma, y vi
que te hacías hacia atrás y te envolvías
en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra! “

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2 pensamientos en “Delmira Agustini

  1. Un poema exquisito y delicioso el que nos ofreces de esta singular mujer qué, una adelantada de su tiempo, supo cantar el erotismo desde el punto de vista femenino en un mundo dominado por los hombres. Gracias por recordarnos estos versos.

    Saludos.

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