Reflexiones de una noche de tertulias.


 

Las Tertulias,  los ojos de la Katty y la risa de la Carmencita Ovalle

 

Los ojos de la Katy  brillaban, su pelo caía en hondas sobre su rostro afable. Me sobrecogió, pensé en como los seres humanos somos tan mezquinos que nos quedamos sólo con lo que se nos pega a la pupila, la forma, los colores, el sonido de una voz.  Nos basta con aquello que nos cubre y no nos dejamos caer como en un tobogán en la mirada, reflejo de nuestra profunidad.

–         Debí haber puesto más empeño, haberla convencido se que le hubiera gustado escuchar, que le hubiera hecho bien venir, sobre todo por escuchar a José María Memet, me gustó tanto lo que habló. – siguió hablando Katty con entusiasmo, era como si tuviera tanto que decir y alguien la estuviera apurando

–         Lo sé Katty, pero por alguna razón suceden las cosas, siempre están las personas que deben estar, aún cuando nuestra mente no logre comprenderlo. Ya habrá otra oportunidad.- Le dije tratando de encontrar coherencia en toda la situación, en el entusiasmo y en lo acontecido.

Ojos

–         Sí, voy a hablar con ellos. Los convenceré para que vengan a cantar acá en otra oportunidad, les hará tan bien.

La abracé con cariño. No sé porque le tengo tanto cariño si hemos compartido tan poco. Tal vez porque a pesar de ser ingeniero es tan sencilla como esas flores silvestre que visten de belleza las carreteras, o, porque veo como lucha y se sacrifica por ayudar a los jóvenes que están más necesitados,  por cuanto amor pone cuando hace alguna de sus clases, o tal vez porque he podido, en algunos escasos instantes, ahondar la bondad q se le arranca del corazón.

 Cuando terminan las tertulias me voy a casa de inmediato, por alguna razón pienso que si me quedo conversando con amigos o haciendo cualquier cosa en compañía de otras personas, se me irían las sensaciones de la piel. Borraría cosas como esas, como el brillo de su mirada, o la sonrisa yana de la  Carmencita Ovalle, o el entusiasmo que pone Rodolfo por meterse en las historias y poemas que cuentan los escritores. Olvidaría los rostros que veo mientras escuchan atentos, rostros de sorpresa, de aprobación, de aburrimiento de alegría, de…, yo quiero ser como ella.

(Son tantos los estados que pasamos los seres humanos cuando estamos con otros seres humanos o nos enfrentamos a una actividad que nos es ajena.)

 En la penúltima tertulia, cuando estuvo Víctor Campbell y Cecilia Almarza, a pesar de que tenía tanto que contar se me metió todo en uno de los remolinos del corazón y las ideas, las palabras no quisieron  salir más de ahí.

Recuerdo que la reunión término como a las 21:45, había ido mucha gente a pesar de que para variar, estaba lloviendo, por supuesto que  no llevaba paraguas y el auto había quedado a una cuadra de distancia. Ahí reparé que nunca he querido mojarme cuando llueve, ver la lluvia me lleva a realizar actos mecánicos, caminar rápido, protegerme con algo, o simplemente evitar salir. Sin embargo esa noche, lo hice.

Salí como siempre, apenas terminó la tertulia, y a medida que avanzaba con un cuaderno sobre la cabeza para protegerme del agua y en dirección al auto, comencé a sentir lo agradable que era mojarme, retiré el cuaderno de la cabeza y caminé lento, sintiendo cada paso, sintiendo las gotas que caían sonrientes por mi frente y luego se resbalaban hasta llegar a la boca, luego otra y otra, en unos minutos era un festín de gotas que caían extasiándome, llenándome de un placer que hace tiempo no sentía. Me sentí tan limpia. Me sentí en paz.

 Una vez más comprendí porque sigo haciéndolas, porque en lugar de estar esas horas dedicadas a mi novela, las invierto en unas tertulias en las que no logro entender porque no va aún más gente, porque no van cientos de personas que dicen amar la poesía, la literatura, porque no van a empaparse de letras, de historias de otra gente. De gente como ellos que decidió en un minuto dedicar su vida a eso, escribir.

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3 pensamientos en “Reflexiones de una noche de tertulias.

  1. Mi querida Pat,el tiempo es la clave de esa ausencia,corremos y corremos para llegar a una carrera que no tiene principio ni fin,pero de vez en cuando hay personas que como tú se dan cuenta que las gotas de lluvia son pequeños diamantes en bruto. Qué maravillosas tertulias amiga,un día quédate a la sobrecena y hallarás una inmensa fuente de inspiración en las conversaciones,a los hechos me remito.

    Un beso desde la vieja Europa 😉

  2. Querida amiga, qué empate el nuestro con las mojadas, yo en el DF y tú en tus tertulias.
    Sí, la lluvia fresca y simple nos revive, cosquillea, nutre.
    Nos hace niñas.
    Nos une.

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