María Rilke

Fugacidad

Arena volátil de las horas. Constante y sordo ocaso
de toda construcción, aun feliz y bendita.
La vida sopla siempre. Se yerguen ahora aisladas
las columnas, que ya nada sustentan.

Pero ¿es triste el decaer, como el regreso
de la fuente al espejo, al que salpica con destellos?
Aferrémonos a los dientes del cambio,
para caber enteros en su testa que contempla.

Cielo nocturno y estrella fugaz

El cielo grande, lleno de magna contención,
un almacén de espacio, un exceso de mundo.
Y nosotros, demasiado lejos para tomar forma,
y demasiado cerca para la retirada.

¡Cae una estrella! Y nuestro deseo se adhiere,
alzando la mirada perpleja, rápidamente a ella:
¿Qué ha empezado, y qué se ha consumido?