El árbol y la gota


         Mientras miraba por la ventana Rosario pensó, “si estuviera acá, sí sólo pudiera tocarlo”… su rostro estaba pálido, los ojos con una leve huella de maquillaje y el pelo, amarrado en un improvisado moño que dejaba libres unos pocos mechones dorados que caían distraídos por su cuello. Afuera, la naturaleza toda se bañaba de rocío, había caído una garuga intensa toda la tarde. Tenía la mirada quieta, silente y distante… los pensamientos bailaban llevandola a otros tiempos, de pronto, sus ojos se movieron despacio hasta quedar totalmente prisioneros de uno de los arboles que estaba en la esquina del jardín, algo llamó su atención  ¡estaba encendido de amor!.  Se levantó lentamente del borde de la ventana en la que estaba sentada y camino hacia la puerta, descalza y bestida apenas con una delgada bata china de color ocre, se la había traído su marido en  uno de sus últimos viajes a China. Sin importar el frío abrió la puerta y salió al patio, sus pies se hundieron en el pasto mojado, dio unos pasos y se detuvo en el medio del jardín, levantó el rostro al cielo y lo dejó mojarse, quería sentir la caricia del agua, imaginó que eran sus manos.

Se quedó ahí, inmóvil, sintiendo silente y absorta ese solo y único instante por mucho rato, luego recordó el árbol, motivo por el cual habìa decidido salir de la casa. Lo buscó con la mirada,  ahí estaba, ardía como un pájaro de fuego, “Los liquidámbar en este tiempo saben a estrellas enamoradas” pensó, caminó hasta quedar a su lado fijando la mirada en una de sus hojas, la más roja, casi púrpura, pronto moriría,  adoptaban ese color justo antes de morir, era un árbol caduco. En su punta, colgaba una gota de agua, estaba hinchada,  acercó con suavidad y muy despacio uno de sus dedos, deseó desesperadamente sentir esa gota en su piel serena, la gota respondió al contacto y en una milésima de segundo se ungió a su dedo, se resbaló lentamente, despacio, tanto, que el tiempo detuvo su marcha por unos microsegundos, finalmente se derramó  exhausta en la suavidad de la esa piel.  Rosario  sintió un escalofrío que subió por su espalda, la invadió una rara sensación de totalidad, sintió a ese árbol brotando en su interior, al agua llenando su matriz, la tierra sembrándose con  fuerza en su piel  y a él, ungiéndole  el alma. Como si todo fuera uno.

El pelo estaba estilando, los pies con restos de pasto y pétreos, la faz seguía pálida, pero sus ojos, sus ojos brillaban plenos de fuerza.

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11 pensamientos en “El árbol y la gota

  1. Hacía mucho que no venía por aquí.
    Me ha encantado leer esta historia Pat.
    Y el blog se ve muy bonito así, está más vivo, ¡buen cambio!
    Un beso.

  2. Aquileana, tanto tiempo…, es bueno verte por aca. Me alegro que te haya gustado, un abrazo.

    Cris, sí, parece que hoy fue día de reencuentros. Me alegro que te haya gustado el thema, siempre estoy cambiando, es esa necesidad de movimiento que tengo. Un abrazo querida.

  3. Viva la magia!!!! No sé qué otra cosa escribir. Magia magia magia magia magia. No hay otra palabra ni resumen ni felicitación, ni nada. No sé de qué otro modo pueda explicarse que la gotita esa haya llegado a través de la historia hasta MI propio dedo e hiciera su impecable trabajo, como si nada.

    A propósito de magia…. ¿cómo diablos lograste poner un iPod con música en tu barra de navegación? Me pasé una noche entera intentándolo, hasta saqué una cuenta y todo, pero nada! ¿Has comprado un upgrade? Cuánta falta me hace Karen también para estas cosas….

  4. Hola Patricia. Saludos desde Costa Rica. excelente blog, sin duda lo visitaré más seguido. Hey, te quería preguntar cómo lograste colocar un iPod con música en tu blog. La verdad es que me gustaría mucho. Te agradezco la ayuda que me puedas dar.

  5. La fotografía me escribe una palabra entre las arrugas de la frente; hojarasca, es una bella palabra evocadora de una estación nostálgica y bohemia.

    Viva la Magia, la grandeza que supiste dar a la efímera creación de la gota de agua, principio natural de la vida, la fascinación con que te recreaste al relatar su entorno y función.

    Aunque puestos a fascinar por fascinar, el IPod que colgaste parece transmitir cierta irresistible fascinación virtual.

    También me gustó; como no, sin embargo creo que voy a declinar mi curiosidad por el sabor de las estrellas enamoradas, que todavía me fascina más la posibilidad de conocer tremendísimo manjar.

    Y con estas, y no otras, me despido deseándote un día pletórico de Magia.

    Minoría Absoluta & Denominación de Origen

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