UNA POETA SIN FRONTERA

Goroka

Esa senda, la mía, la que yo recorría  incansables las horas, inquebrantable el alma y entonces esa senda, que ungía cada tarde y cada madrugada y era bálsamo y aún hiedra y era algo más que un todo, que la brisa y el soplo de la vida, que el rumor de la playa o el rubor de la ferviente ira incontenida, de la mar que angosta los recuerdos.  Esa senda que a tientas sí existía, y que es apenas nada, porque de nada vivo.”
Me dieron ganas de leerte, de recorrer por pedazos la tierra que fecunda tu palabra, me dieron ganas de que estuvieras acà, tal vez cerca y poder mirarte y tirar palarbas al viento, versos, historias como las que pintas en tus lienzos. Es un agrado ser tu amiga Goroka, tal vez algún minuto de estos tantos universos que amamos nos acerquen un poco. Un abrazo para ti, no tenìa donde decirte que me encantó este texto.

Mexico se enfermó de silencio.

Mi querido México esta enfermo, se ha enfermado su pueblo de algo más grave que una gripe, se ha enfermado de silencio, las calles están desvestidas y tristes, ya no se congrega su pueblo en ningún sitio, los niños temen, las madres también. Se esta enfermando el mundo de temor.

Espero que pronto pase ésta, una prueba más que nos toca vivir a los seres humanos para darnos cuenta de lo que realmente importa, nosotros.
Una querida poeta mexicana me escribió hoy, transcribo parte de su reflexión por su belleza y profundidad, ella es Socorro Carranco.
“mi país, de pronto despertó callado, y enfermó de muerte súbita…estoy inmensamente triste por eso, extraño sus millones de gentes yendo y viniendo, a esa enorme ola humana, levantándose hasta el cielo, a esos miles de ojos sin mirarme, a esas bocas gritando como locas, sin decir nunca un nombre, hoy me doy cuenta que existo, que soy, que aún estoy, y que existen los demás , esos, que no se duelen, porque nacieron con el dolor del olvido, y la miseria, sí, ya quiero que vuelva a ser como antes, el río que me arrastra agua adentro, que sea el monstruo de las mil cabezas, y se vean los millones de héroes , luchando cada uno por sus sueños”

Katherine Mansfield

El viento sopla

Katherine Mansfield

 

Repentinamente… horriblemente… ella se despierta. ¿Qué ha ocurrido? Ha ocurrido algo horrible. No, no ha ocurrido nada. Es sólo el viento que estremece la casa, sacudiendo las ventanas, golpeando un hierro del techo y haciendo temblar su cama. Las hojas pasan aleteando frente a su ventana, alejándose hacia arriba; en la avenida un periódico completo se agita en el aire como una cometa perdida y cae clavándose en un pino. Hace frío. El verano ha terminado… es otoño, todo es feo. Los carros pasan ruidosamente, balanceándose de lado a lado; dos chinos avanzan a pasitos cargados con un balancín de madera del que penden los cestos cargados de verduras… sus coletas y sus blusas azules volando al viento. Un perro blanco de tres patas pasa aullando frente a la cerca. ¡Todo ha terminado! Sigue leyendo

Mujeres, volver a nacer.

Volver a nacer. Creo que cada cierto tiempo y marcado por algunos eventos que varían entre unas y otras, las mujeres necesitamos reinventarnos para poder seguir caminando con la cabeza en alto y el corazón palpitante.
Para sentirnos una vez más potrancas altivas, corriendo por algún prado verde sin rienda ni montura que nos frene el paso y asì respirar esa sensación de libertad y poderío absoluto que nos ayuda a seguir batallando, de otra manera, cuesta caminar,  solemos cargar las culpas del universo en nuestra espalda.
En eso estoy, reinventándome, desde hace una semana que trabajo arduamente en ello, reparo piezas que estaban rotas, saco telarañas de algunos rincones con poco uso, maquillo los deslindes de mi historia que están pálidos de estímulos, y saco de un baúl viejo, uno que guardo desde mi juventud las ganas, ganas de crear trabajos imposibles como pintar cuadros que reflejen esas ideas que caminan por mi mente cuando vuelo por universos de la mano de Dios, o uno con menos pretensiones pero llenos de color donde tal vez sólo yo pueda distinguir a un Kandinsky pintando a través de mis dedos, o incluso con ganas menos pretensisas, de esas ganas simples, como tomar mi bicicleta y pedalear hasta la cima del cerro más próximo donde sin ayuda de nadie pueda instalar banderas de propiedad y quedarme ahí por un tiempo sin minutero.
Me estoy reconstruyendo para seguir en las batallas que me impongo, como ser feliz con la simpleza de los días, amar y sufrir por lo que nadie se detiene a mirar yo veo aún en la ceguera de la noche.
Me armo para nuevas batallas, tal vez guerras que han de venir con mi propia existencia, con las del mundo, con la de mi femineidad toda. Batallas imposibles con mi cordura. Estoy casi lista. Casi lista para empezar.

Reflexiones sin coherencia

Estoy lánguida como una lombriz hambrienta, como una lombriz ¡¡terrible!!, de esas que con su sola figura espantan el día, aquellas que no son agradables ni poseen un imán con que afirmar la caricia o el deseo, o la plenitud de la palabra. Una lombriz que se resbala por los ojos con desánimo, aletargada e insufrible.
¿Será por  el viento corre sin tocar el cielo? o tal vez es a causa de mis guerreros que estan sin ganas de dar lucha a la ilusión.

Hoy mis tantos guerreros duermen cabizbajos en mi desconsuelo, en mi duda por lo incierto, en mi letanía. Hay días así, sobre todo cuando el dìa tiene se escribe con “e”.

Prosa poética

Ya no hay más silencio que mi propia voz, fluyendo como un río ante la comprensión. Se disipa la duda de una búsqueda incansable, se esfuma ante la mirada dulce del amante que abraza todo mi interior, mi existencia toda. La niebla blanquecina que otrora fuera mi ceguera cae ante mi tacto indefensa.

Y arde mi mano en el amante y todo él arde en mí eternamente.

El amante y yo jugamos en las palabras, el amante sueña que es viento, yo, sueño que soy árbol.

Gipsy